Archivo mensual: noviembre 2008

Los Buenos Perros…

 

Bueno les dejo este poema en prosa del escritor francés Charles Baudeliare (uno de los poeta malditos)… y va  dedicado  a los mejores perros del mundo,  si a esos  perros nobles, anónimos, silenciosos, que van por la vida sin una caricia en el cabeza, sin un hueso que roer al caer la noche, que han olvidado ladrar, por temor a ser golpeados o pisoteados, si a eso perros que nadie quiere, que todo olvidan, que hacen indefensos ante un mundo que los odia por ser lo que son… perros nobles, sin duda……

 

perro-callejero 
A M. Joseph Stevens.

Nunca me avergoncé, ni aun delante de los escritores jóvenes de mi siglo, de admirar a Buffon; mas hoy no he de llamar en mi ayuda al alma de ese pintor de la Naturaleza pomposa. No.

De más buena gana me dirigiría a Sterne, para decirle: «¡Baja del Cielo, o sube hasta mí de los Campos Elíseos, para inspirarme en favor de los perros buenos, de los pobres perros, un canto digno de ti, sentimental, bromista, bromista incomparable! Vuelve a horcajadas en el asno famoso que te acompaña siempre en la memoria de la posteridad; y, sobre todo, que no se lo olvide al asno traer, delicadamente suspenso entre sus labios, el inmortal macarrón!»

¡Atrás la musa académica! Nada quiero con semejante vieja gazmoña. Invoco a la musa familiar, a la ciudadana, a la viva, para que me ayude a cantar a los perros buenos, a los pobres perros, a los perros sucios, a los que todos echan, como a pestíferos y piojosos, excepto el pobre con quien se han asociado y el poeta que los mira con ojos fraternos.

¡Malhaya el perro hermosote, el gordo cuadrúpedo, danés, king-charles, dogo o faldero, tan encantado consigo mismo, que se lanza indiscretamente a las piernas o a las rodillas del visitante, como si estuviera seguro de agradar, turbulento como un niño, necio como una loreta, a veces arisco e insolente como un criado! ¡Malhayan sobre todo esas serpientes de cuatro patas, temblorosas y desocupadas, que se llaman galgos, y que ni siquiera dan albergue en su hocico puntiagudo al suficiente olfato para seguirle la pista a un amigo, ni en la cabeza plana la inteligencia bastante para jugar al dominó!

¡A la perrera todos esos aburridos parásitos!

¡Vuélvanse a la perrera sedosa y mullida! Yo canto al perro sucio, al perro pobre, al perro sin domicilio, al perro corretón, al perro saltimbanqui, al perro cuyo instinto, como el del pobre, el del gitano y el del histrión, está maravillosamente aguijado por la necesidad, madre tan buena, verdadera patrona de las inteligencias!

Canto a los perros calamitosos, ya sean de los que van errantes, solitarios, por los barrancos sinuosos de las inmensas ciudades, ya de los que dijeron al hombre abandonado con ojos pestañeantes e ingeniosos: «Llévame contigo, y con nuestras dos miserias haremos acaso una especie de felicidad.»

«¿Adónde van los perros? -decía, años ha, Néstor Roqueplán en un folletón inmortal que ha olvidado sin duda, y del cual puede ser que sólo Sainte-Beuve y yo nos acordemos hoy todavía.»

¿Adónde van los perros, preguntáis, hombres sin atención? Van a sus quehaceres.

Citas de negocios, citas de amor. A través de la bruma, a través de la nieve, a través del barro, bajo la canícula que muerde, bajo la lluvia que chorrea, van, vienen, trotan, pasan por debajo de los coches, excitados por las pulgas, la pasión, la necesidad o el deber. Como nosotros, se levantaron de mañanita y se buscan la vida o corren a sus quehaceres.

Los hay que duermen en una ruina de suburbio, y vienen, un día y otro, a hora fija, a reclamar la espórtula a la entrada de una cocina del Palais Royal; otros que acuden en tropel, desde más de cinco leguas, para compartir la comida que les preparó la caridad de ciertas doncellas sexagenarias, que entregan a los animales el corazón desocupado, porque los hombres ya no lo quieren.

Otros que, como negros cimarrones, enloquecidos de amor, dejan en ciertos días su vivienda para venir a la ciudad a corretear durante una hora en derredor de una perra guapa, algo negligente de su tocado, pero altanera y agradecida.

Y todos son puntualísimos, sin cuadernos, notas ni carteras.

¿Conocéis; Bélgica, la perezosa, y habéis admirado, como yo, a esos perros vigorosos enganchados a la carretilla de los carniceros, de la lechera, del panadero, y que demuestran con sus ladridos triunfantes el placer orgulloso que sienten al rivalizar con los caballos?

¡Mirad ahora a dos que pertenecen a un orden más civilizado todavía! Permitidme que os introduzca en el cuarto del saltimbanqui ausente. Una cama, de madera pintada, sin cortinas; unas mantas que arrastran, mancilladas por las chinches; dos sillas de paja, una estufa de hierro, uno o dos instrumentos de música, descompuestos. ¡Qué triste mobiliario! Pero mirad, os lo ruego, aquellos dos personajes inteligentes, vestidos con trajes a la vez raídos y suntuosos, con gorros de trovador o de militar, que vigilan con atención de brujos la obra sin nombre puesta a cocer en la estufa encendida, con una larga cuchara en medio, que se yergue, plantada como uno de esos mástiles anuncio de edificio terminado.

¿No será justo que comediantes tan celosos no se pongan en camino sin echarse al estómago el lastre de una sopa fuerte y sólida? ¿Y no perdonaréis un poco de sensualidad a esos pobretes, que han de afrontar todo el día la indiferencia del público y las injusticias de un director, que se toma la parte más abultada y se come él solo más sopa que cuatro comediantes?

¡Cuántas veces contemplé, sonriente y enternecido, a todos esos filósofos de cuatro patas, esclavos complacientes, sumisos o abnegados, que e l diccionario de la República podría calificar igualmente de oficiosos, si la República, harto ocupada de la felicidad de los hombres, tuviese tiempo para respetar el honor de los perros!

¡Y cuántas veces he pensado que habrá tal vez en alguna parte -¡quién sabe, después de todo!-, para recompensar tantos ánimos, tanta paciencia y labor, un paraíso especial para los perros buenos, para los pobres perros, para los perros sucios y desolados! ¡Swedenborg afirma que hay uno para los turcos y otro para los holandeses!

Los pastores de Virgilio y de Teócrito esperaban, en premio de sus cantos alternativos, un buen queso, una flauta del mejor artífice o una cabra de tetas hinchadas. El poeta que ha cantado a los pobres perros tuvo por recompensa un hermoso chaleco, todo de un color, rico y marchito a la vez, que hace pensar en los soles de otoño, en la belleza de las mujeres maduras y en los veranillos de San Martín.

Ninguno de los presentes en la taberna de la calle de Villa-Hermosa olvidará la petulancia con que el pintor se despojó del chaleco en favor del poeta; también comprendió que era bueno y honrado cantar a los pobres perros.

Tal un magnífico tirano italiano, del buen siglo, ofrecía al divino Aretino ya una daga con ornato de pedrería, ya un manto de corte, a cambio de un precioso soneto o de un curioso poema satírico.

Y cuantas veces el poeta se pone el chaleco del pintor, se ve obligado a pensar en los perros buenos, en los perros filósofos, en los veranillos de San Martín y en la belleza de las mujeres muy maduras.

-Charles Baudelaire

Tomado de Pequeños Poemas en Prosa…

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Dadme una casa triste

Casa Negra, 1964 - Jeanloup Sieff

Casa Negra, 1964 - Jeanloup Sieff

 

Encontré en este poema de Juanita Zelaya en  un cuaderno de poesía hondureña no. 22 de la Secretaria de Cultura – 1993:

 

Sobre la autora no dice mucho salvo lo siguiente:

 

“El amor y lo existencial son los elementos fundamentales de su poesía escasa y poco conocida. Amiga de Froylan Turcios, su nombre se inscribe en la mejor tradición de la Poesía Femina Hondureña, Raúl Gilberto Tróchez ha escrito su mejor semblanza…”

 

La verdad que su poesía me ha gustado mucho, voy a ver si investigo mas sobre ella y subo otros versos suyos…

 

 

DADME UNA CASA TRISTE

 

 

No alojéis mi bohemia en una de esas

modernas casitas , que son como juguetes

del viento, por cuyas diminutas ventanas

apenas entra el sol… En una de esas

casitas blancas y luminosas que parecen

nidos colgantes de locos pajarillos…

 

En una alegre casita de minúsculas salas

en donde, apenas caben los sueños de los niños;

de alcobas deliciosas donde se agitan

claros cortinajes de azul y de cretona…

En una alegre casita que perfuman

maceteros de rosas y claveles…

Dadme para vivir mis días,

plenos de paz y de melancolías,

una casona triste a donde

apenas llegue el ruido mundanal…

Una casa de enormes y viejos ventanales

de esos que nos evocan

los legendarios tiempos coloniales…

Que haya gigantes árboles,

sin nidos y sin hojas,

estanques silenciosos

sin cisnes ni nenúfares ,

que fielmente reflejan su fondo,

los crepúsculos pálidos.

 

Una casona triste, de rejas herrumbrosas,

de grisáceas paredes que fuera

cual un borroso espejo, reflejando

el paso misterioso de los tiempos…

 

De salas silenciosas, cubiertas

de alfombras y tapices antiguos,

de hadas y dragones…

De umbrosas galerías donde

nunca se sintieron extinguidos

los pasos misterioso de dolientes fantasmas…

Una casona triste de trágicas leyendas…

¡Oh, cómo vagaría tranquila y sola

por sus vastas estancias…!

Qué anacronismo harían

mis locas inquietudes,

mis sueños juveniles,

con ansias imprecisas

en su ambiente dormido…!

 

Juanita Zelaya ( Salamá, Olancho 1908 -1934)

Hondureña

 


Fotos Parque Nacional La Tigra

Fotos tomas por Jorge Bueso en el Parque Nacional La Tigra, Tegucigalpa, basicamente un tipico bosque nublado

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Centro de Visitantes

Helechos...

Helechos...

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Gruta-árbol, que es lo mismo que grutarbol... maginifico refugio para reptiles y murcielagos

Gruta-árbol, que es lo mismo que grutarbol... magnifico refugio para reptiles y murcielagos

Caminando en el Bosque

Caminando en el Bosque

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En esta foto hay un pajaro interesante... ¿Pueden encontrarlo?

En esta foto hay un pajaro interesante... ¿Pueden encontrarlo?


Quetzal… un sueño hecho realidad

Bien el viaje a la Tigra fue para mi uno de los mas interesantes “Trip de Birding” que haya realizado, la razón fundamente, como le dije a muchos de mis amigos fue de ir a ver al Quetzal, y así fue como sucedió, pero ya mi amigo Germer que se esforzó para que viéramos al pollito escribió un pequeño articulo del viaje así que pueden leerlo en este enlace y me evito la necesitad de volver a contar la historia del viaje:

En búsqueda del Quetzal Resplandeciente”

Ver un Quetzal volando realmente te cambia la vida, aun recuerdo cuando tenia 9-10 años cuando un tío materno le regalo a una tía una pluma de la cola del Quetzal, quede realmente impacto por la belleza de la misma, y ver al Quetzal volando es casi una experiencia mística y gratificante, realmente tenían razón los Mayas y Aztecas, es una Serpiente Emplumada.

Saludos y hasta la próxima…

//www.natureslorephotography.com/birds.html

Quetzal Juvenil, foto tomada de http://www.natureslorephotography.com/birds.html


Parque Nacional La Tigra

A petición de un par de amigos, queriendo saber mas información de mi viaje en Busca del Quetzal, subo esta pequeña info. Sobre el Parque Nacional La Tigra:

Para información General del Parque La Tigra Visitar el siguiente enlace:

http://www.geocities.com/jlochoarosa/tigra.htm

Bien el trayecto que tome para ir a La Tigra fue por el Hatillo, para llegar por esa ruta en caso de no tener un carro 4X4, es preguntar en Tegus por el Punto de buses que sube al Hatillo – Jutiapa, ( Si alguien me puede decir donde esta ubicado exactamente se le agradecerá), el costo del pasaje es de L. 18.00 o $ 1.00, no olvidarle decirle al conductor que van hasta la terminal del mismo, de ahí se camina aproximadamente una 1 km. Hasta llegar al Centro De visitantes, este trayecto nos permite apreciar el bosque de pino de la parte baja del parque, llegado al parque hay un centro de visitantes y un albergue en caso de queder pernotar en el sitio, los costo de admisión son de L. 30.00 para nacionales y $ 10.00 para extranjeros, el costo por noche en los alberques de la Zona del Rosario y Jutiapa (ruta del Hatillo) son L. 250.00 para nacionales y $ 25.00 para extranjeros, para mayor información contactar a la Fundación Amitigra:

FUNDACION AMIGOS DE LA TIGRA

(AMITIGRA)

Col: Palmira, Segunda Calle al Sur de la Nunciatura Apostolica,           Casa Nº 210

Apartado Postal Nº 3954

Telefonos (504) 231-3641/231-3642 /232-2660

E-mail: amitigra@cablecolor.hn

Tegucigalpa, Honduras C.A.

http://www.amitigra.org